Estar abiertos


Abrir los ojos al amanecer puede ser la rutina que nos conduce a un día más, vamos viviendo, ayer ya pasó, el hoy me lo da la luz del nuevo día que tengo ante mí y está aún por descubrir y el mañana ya se verá si llegará. Me pregunto a mí misma, ¿cómo vivo y quiero vivir esta “rutina” de saber que vivo? Y descubro, que no quiero hacerlo de cualquier manera, como el que se deja llevar por la corriente, hacia algún lugar desembocaremos, seguro, pero sé que soy partícipe de ese rumbo.

Encuentro estas palabras del Papa y aterrizan en el hoy de mi vida con intensidad, brota alegría, esperanza del amanecer con otra mirada en el corazón: “Estar verdaderamente vivos es ser transformados desde el interior, estar abiertos a la fuerza del amor de Dios” (Benedicto XVI).La vida es una llamada continua a ¡Estar abiertos! Pero ¿abiertos a qué? De entrada, puedo darme cuenta de a lo que estoy cerrada. Quiero estar abierta a la fuerza que da el amor de Dios, que te hace vivir de otra manera, para ello, hay que querer, desear dejarse transformar interiormente y eso no es fácil.

Cada día, nos ofrece una nueva oportunidad a sentir la vida que brota desde el amor que se recibe pero que es ante todo entrega. Estamos inmersos en un continuo movimiento, en un ir a… es decir, voy al trabajo, voy a la universidad, voy a coger el metro, voy a tomar un café, voy a descansar un rato, etc.….

Hoy quiero estar más abierta a lo que vivo, a tantos “voy a…” rutinarios que me van marcando, configurando lo que soy… quiero atreverme a mirar en ese ir continuo cómo llego a las personas con las que me relaciono, ¿Qué ofrezco hoy de mí? ¿Rutina vacía? o ¿he intentado vivir una “rutina” enriquecedora? Al final del día encontraré claramente la respuesta a cómo lo he vivido.

Ojala el “voy a…” no se quede en un yo personal sino que se dé una interrelación cotidiana con los demás en la que no se pasó superficialmente, sino que se pueda captar una manera de vivir, y si ésta se ha dejado transformar por el Dios que pasa por nuestra vida, señal que Alguien convivió interiormente y dio vida a la propia existencia. Sabemos que lo que más nos llena lo descubrimos desde lo pequeño que damos y que llena el corazón, no se necesitan lecciones de amor sino convicciones que visualizan el amor del que ama.

La mirada del corazón que se deja empapar de amor aterriza en cómo sentimos y vivimos nuestras relaciones ¿qué ofrecemos? Un “buenos días” arropado de alegría porque en nosotros la hay, de confianza en que hoy nos vaya mejor el día que el ayer pasado o la rutina del que habla sin pensar, sin desear… ¿de qué nutro hoy mi vida? Tal vez, pueda decir no ha sido mi día, mañana será otro día pero que no nos pase la vida en la superficialidad, si no he tenido un día genial por lo menos no sea por mirar la vida desde un caparazón, cerrada al amor que no he dado ni he querido acoger…

Iniciar el día con buena cara y sonriendo, sorprende... captemos la atención de quiénes nos ven la cara, mejor con una buena sonrisa. Texto: Hna. Ana Isabel Pérez.
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