Las fragancias de Bagdad

Las flores aromáticas se esmeraban en desprender sus suaves perfumes:las magnolias abrían grandes sus pétalos y con ellos llenaban el aire de su exquisito perfume. El jazmín trepando por las paredes con sus diminutas y alegres florecillas se afanaban en regalar al ambiente la suavidad de su aroma,los arbustos de las gardenias con sus lindas flores blancas exhalaban sus olores para saludar el sol naciente. Era como una sinfonía de perfumes. El aire suave invitaba a pasear y a dar gracias a Dios por todo lo que envolvía aquel lugar. Luego con paso tranquilo y reposado entraba en la iglesia para alabar al Señor por todo lo que ya desde las primeras horas de la jornada me ofrecía. Luego me esperaba el trabajo cotidiano, con el calor de la jornada, el ruido de los hombres y las mujeres preparando sus puestos en el mercado. La vida recobraba su frenesí, pero todavía guardaba en mí, la suavidad de la fragancia matutina.
De todo aquello, ¿qué debe quedar ahora en esta destruida ciudad? Muerte, llanto, explosiones, ruinas. ¡Qué mal te han tratado Bagdad!Texto: Hna. María Nuria Gaza.