De nuevo Haití

Escuela
Han pasado ya casi dos años del desastre ocurrido en Haití. Creo que todos los que habéis contribuido a paliar el dolor de este sufrido pueblo os interesará en qué va la reconstrucción de Haití y en que se han empleado vuestros donativos, algunos hechos con sacrificio y gran generosidad.

Si bien recordáis, las primeras aportaciones se gastaron en dar comida y agua “pura” (como la llaman los haitianos) a los niños y también a los heridos que acudían a los centros de atención sanitaria improvisados en medio de la calle.

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Luego se intentó recuperar y poner en pie la escuela que dirigían nuestras hermanas para que los niños no deambularan por las calles, si es que así se podían llamar a los montones de escombros que olieron a muerto por mucho tiempo. Muchos de ellos quedaron huérfanos. Los pequeños, al principio, tenían miedo de entrar en la escuela pues les quedó grabado en su mente el momento del terremoto cuando se les vino encima el techo de la escuela. Fue un trabajo de ayuda psicológica lento y aún, actualmente, las hermanas cuentan que es difícil hacer sonreír a un niño. Además por desgracia muchos de ellos no son fruto del amor sino de la miseria humana.

Una de nuestras hermanas, que hace 14 años que trabaja en Haití, respondía, hace poco, a un periodista que la interrogaba sobre dónde estaba el dinero que la comunidad internacional decidió destinar al país, respondió: “Yo no sé, yo no lo he visto, no sé donde está. Nosotras no hemos recibido nada de estas ayudas. Nosotras como todos los haitianos dependemos de la solidaridad privada”. Y comentaba que con la crisis política que sufre Haití no han comenzado a distribuirse las ayudas internacionales de las naciones.

Al cabo de poco tiempo del temblor, las hermanas organizaron un hospital, si es que se podía llamar así, en un edificio que quedó en pie y que pertenecía a la diócesis que se empleaba para reuniones de formación del pueblo. En aquel momento lo importante era atender a los heridos y dar apoyo psicológico a los que quedaron ilesos. Con ayuda de Médicos sin Fronteras se fue organizando el local donde se recibían a los que se les tenía que hacer alguna amputación, también se instalaron algunas camas para ellos. Se atendían y se atienden a enfermos comunes. Actualmente es ya un centro de prótesis y rehabilitación que se realiza con la colaboración de las religiosas de Jesús María.

Y como la solidaridad privada ha sido mucha, nuestras hermanas han podido comprar un solar que ahora se está cercando, en el cual se espera poder perforar un pozo. Aquí se realizará con la ayuda de todos y de la Congregación el proyecto que se tiene en vistas: Construir una guardería para niños de 0 a 6 años y un dispensario, ya que la salud y la educación son dos grandes necesidades para levantar el país. También se están construyendo, en otra zona casas para las familias.

Una de nuestras hermanas que trabaja en la capital haitiana dice que Haití no es un país del tercer mundo sino del quinto. Actualmente todavía quedan en Puerto Príncipe 500 campos de desplazados, el 80% de los haitianos vive por debajo del umbral de pobreza y como dijo monseñor Guire Poulard a la presidenta de Manos Unidas, “hay que poner orden en las administraciones, ya que si estuviera bien organizado en diez años Haití sería irreconocible”.

Es mucho lo que la solidaridad privada ha hecho y hace por esta parte de la Isla Española.

En nombre de los haitianos y de nuestras hermanas que trabajan en este castigado país, os damos las gracias por vuestra generosidad, y a los que podáis no os olvidéis de que Haití aún os necesita. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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