La práctica del amor

Estamos llamados a amar, a abrirnos a los demás y a dar sentido a nuestra vida con la práctica del amor entendido como ágape. Esto significa comprender el cristianismo como la religión de la libertad, como abertura radical al otro y descentramiento progresivo del ego. En la lógica del don, el otro, es el centro, es la imagen y semejanza del OTRO, es manifestación de Dios.

Creer en la otra persona quiere decir otorgarle valor, no por lo que dice o hace, no por el color de su piel, o por la lengua que habla, sino por el hecho de ser persona: imagen y semejanza de Dios.

Dediquemos el verano a ahondar sobre cómo en los textos evangélicos Jesús de Nazaret reconoce y da un valor infinito al más “vulnerable”... Por eso, cuando la otra persona pertenece al grupo de los “vulnerables” ha de ser objeto de una atención predilecta por nuestra parte. ¿Ante quiénes no puedo quedarme indiferente? Texto: Hna. María Aguadé.
Volver arriba