(José Manuel Vidal).- El periodismo tiene mucho de vocación, porque, en el fondo, es un servicio público, a pesar de que últimamente parece más un negocio. Una vocación con sus leyes. Algunas sagradas, como no tergiversar las palabras de la fuente informativa y no saltarse nunca los 'off the record'. Dos leyes que se suelen cumplir en la mayoría de los casos. Pero también en esta profesión hay 'manzanas podridas'. Y una de ellas le tocó al bueno del arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez. Un periodista que tergiversó descaradamente una conversación y, además, traicionó el 'off the record'. Y puso al prelado castellano a los pies de los caballos de la opinión pública española.
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