Guatemala necesita una Iglesia que despierte conciencias

"Cuando la Iglesia calla, los poderosos ganan y el pueblo pierde"

"El mensaje del Papa al Congreso Misionero Guatemalteco no es un texto piadoso: es una sacudida"

"Muchas veces la Iglesia en los últimos tiempos ha preferido el silencio prudente a la palabra profética. Ha cuidado la institución, pero ha descuidado al pueblo"

"El Papa nos confronta: la misión no es repetir actividades religiosas; es ver la realidad con ojos de compasión, juzgarla desde el Evangelio y actuar con valentía"

"Guatemala está cansada, pero no está vencida. Si la Iglesia despierta conciencias, Guatemala puede despertar con ella"

Cristo de Guatemala
Cristo de Guatemala
Víctor M. Ruano P. Pbro.
15 nov 2025 - 19:38

Guatemala atraviesa una crisis profunda: corrupción que se recicla, violencia que no cede, pobreza que hiere, racismo que divide y una migración que vacía familias enteras. En este escenario, el mensaje del Papa al Congreso Misionero Guatemalteco no es un texto piadoso: es una sacudida. La misión comienza en el corazón, nos recuerda, y esa frase debería resonar como alarma nacional.

Porque, seamos sinceros: muchas veces la Iglesia en los últimos tiempos ha preferido el silencio prudente a la palabra profética. Ha cuidado la institución, pero ha descuidado al pueblo. Ha administrado sacramentos, pero no siempre se ha dedicado a sanar heridas. Ha predicado esperanza, pero ha temido denunciar lo que destruye la vida de los más débiles y empobrecidos que son la inmensa mayoría. Y cuando la Iglesia calla, los poderosos ganan y el pueblo pierde.

Creemos. Crecemos. Contigo
Guatemala
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El Papa nos confronta: la misión no es repetir actividades religiosas; es ver la realidad con ojos de compasión, juzgarla desde el Evangelio y actuar con valentía. Guatemala no necesita más discursos; necesita corazones convertidos y manos dispuestas. Necesita una Iglesia que deje de esperar condiciones ideales y empiece a caminar con su gente: en comunidades rurales abandonadas, en colonias urbanas sitiadas por el miedo que provocan las maras o pandillas, en las fronteras donde comienza el dolor migrante.

La figura del Hermano Pedro es un llamado urgente. Su campana no era adorno: era una denuncia y una esperanza. Despertaba corazones, recordaba que Cristo sigue pasando hoy por cada pobreza, cada injusticia, cada lágrima. Guatemala necesita que esa campana vuelva a sonar, fuerte y clara. Y sólo sonará si los cristianos dejamos de vivir encerrados en el miedo, la comodidad o la neutralidad disfrazada de prudencia.

Hoy la misión exige defender la vida sin ambigüedades, denunciar la corrupción que roba futuro, acompañar a las víctimas de la violencia, proteger a los niños y jóvenes, respetar profundamente a los pueblos indígenas, y caminar con quienes buscan justicia. La misión exige también proponer:

-Comunidades abiertas e incluyentes donde nadie se sienta solo.

-Procesos formativos que lleven la semilla de la transformación, que generen liderazgo ético y se empeñen en incidir en su entorno social.

-Espacios seguros para la niñez y abiertos para acoger a los jóvenes.

-Laicos y laicas que construyan puentes donde otros levantan muros.

Este es el tiempo de una Iglesia que hable menos de sí misma y más del sufrimiento del pueblo. Una Iglesia que no bendiga sistemas injustos, sino que siembre esperanza y exija cambios. Una Iglesia que incomode a los indiferentes, cuestiones a los poderosos y consuele a los heridos.

San Romero
San Romero

Guatemala está cansada, pero no está vencida. Si la Iglesia despierta conciencias, Guatemala puede despertar con ella. La misión empieza adentro, pero termina transformando afuera. Y hoy, más que nunca, este país necesita transformación.

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