(Xabier Pikaza).- Llegué hace unos días a Sao Paulo, y mi primera conversación fue sobre la Iglesia: «No tenemos obispos», me dijo H. F., un clérigo sabio, de gran experiencia.
«No contamos con obispos que sepan levantar el evangelio ante políticos y dueños de la vida y la fortuna de los pobres; nos faltan obispos que puedan o quieran exponer con vida el mensaje de Jesús y abrir caminos de Iglesia... Sólo tenemos funcionarios sumisos a un sistema de poder sagrado».
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