La clarividencia del taranconismo Tomar el báculo por ballesta
(Ramón Baltar).- Salvo los comecuras tabernarios, pocos se alegrarán de que la Iglesia Católica Española no acabe de encontrar el sitio que le cumple ocupar en estos tiempos. Tardanza que perturba la convivencia y priva a la sociedad civil de la oferta de valores éticos que precisa para progresar en humanidad.
Mostró voluntad decidida de buscarlo al final del franquismo, régimen con el que había mantenido un arrimo incestuoso. Guiada por la diestra zurda del cardenal Tarancón, la CEE empezó a cancelar sus onerosas hipotecas y a caminar hacia la independencia del poder político, condición sin cual sus mensajes topan con oídos de mercader.
La Iglesia dejó entonces de ser un factor de división entre los españoles y ayudó a la remoción de obstáculos que podían hacer más azarosa la Transición. Debemos agradecerle al taranconismo su clarividencia y responsabilidad.
Pero antes de que cuajara la faena, la llegada de Juan Pablo II a la silla de Pedro y la de los socialistas a La Moncloa activaron los genes retrogradientes de la episcopalidad ibérica, y pronto descubrieron que su idea del Estado aconfesional excluía aceptar las consecuencias.
Sin ningún título para ello, la patronal del clero vino a declararse instancia de control "prepolítico" del Gobierno; y de pastores de almas se rebajaron a guerrilleros espirituales los más belicosos, alguno incluso a consiliario de la derecha anticuada y silvestre.
Sucede que la jerarquía no tuvo agallas morales para saldar la deuda que tenía la Iglesia consigo misma y con la nación por su gran pecado: sigue sintiéndose perseguida y no perdona a los enemigos con la excusa de que a ella nadie le pidió perdón por sus mártires del 36. Gran incoherencia que los administradores del perdón divino no se quieran allanar a darlo sin condiciones.
Por suerte, la Iglesia es muchísimo más que los obispos, aunque estos acaparan la representación de toda la comunidad de creyentes en Jesús de Nazaret. Entre los que hay personas y grupos que mantienen la esperanza.