JUAN ANTONIO MONROY
La Iglesia católica ha tenido siempre terror a la literatura protestante. Ahora no. Ya que no puede detenerla ha optado por ignorarla. Le da igual lo que escribamos. Pero no siempre ha sido así.
Cuando tenía poder para censurar los cuatro folletos que editábamos los protestantes, y poder para paralizar aquellos pocos que lograban sortear los obstáculos que imponía el Ministerio de Información y Turismo, allí estaban los sacerdotes que ejercían de censores religiosos, con sueldos a cargo del Estado. Eran los ultramontanos del siglo XX: “Todo lo que la Iglesia admite es bueno, todo lo que prohíbe es malo”. Los torquemadas con sotanas inmaculadas y negras intenciones dispuestos a encender el fuego en la pila de libros protestantes.
Voy a enumerar algunos casos que apoyan lo escrito en párrafos anteriores.
Puede leer aquí el artículo completo de este escritor y líder evangélico internacional, titulado Confiscación de literatura evangélica