Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra

JUAN SIMARRO

Muchas veces hablamos de la dificultad de que los evangelizados entiendan bien el lenguaje que usamos en la evangelización. He oído hablar en las iglesias de que tenemos un vocabulario para iniciados y que, cuando comunicamos el evangelio, hay muchas personas que tienen dificultades para entender y asumir ese vocabulario tan especial para iniciados. Sin embargo, además de inculturar y contextualizar nuestro lenguaje evangelístico, deberíamos también echar mano del lenguaje no verbal que usó Jesús, nuestro paradigma para la evangelización.


Jesús agregó a la evangelización un lenguaje no verbal que fue determinante en su predicación del Evangelio, y que dio credibilidad a su palabra, un lenguaje de gestos concretos, de modos de ser, de signos, de señales y de milagros. ¿Podemos usar nosotros algo de este lenguaje no verbal?

En Jesús, la proclamación del mensaje iba unida a milagros, signos y señales, normalmente de rehabilitación y dignificación de las personas, que daban una garantía y credibilidad a sus palabras. No me cabe duda que hoy, los signos y señales que deben acompañar a la evangelización están también en línea con la rehabilitación y dignificación de las personas.

Lo que más nos ubica en esta línea de comunicación no verbal que debe unirse a La Palabra, es la acción social comprometida en defensa de los que sufren, de los pobres, de los desclasados y proscritos de la sociedad.

Puede leer aquí el artículo completo de este filósofo y escritor de fe protestante titulado Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra
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