WENCESLAO CALVO
Ocho días antes de morir el cardenal Cisneros hacía públicas Martín Lutero sus 95 Tesis, acontecimiento que se considera el nacimiento de la Reforma. Pero antes de llegar allí, Lutero había pasado por un largo proceso que había subvertido lo que creía cuando entró al convento. Durante esos años buscó su propia reforma personal al estilo que Cisneros hubiera aprobado, esto es, tratando de mejorar su nivel de moralidad mediante una férrea disciplina monacal.
Rezos, ayunos, confesiones, misas, sacrificios y todo lo que pudiera ayudar, era practicado por Lutero en su ansia de ser aprobado por Dios. Pero nada de eso sirvió, antes al contrario, su conciencia no quedaba pacificada, ni siquiera después de que la absolución hubiera sido recibida en el confesionario.
Sin embargo, la luz fue abriéndose paso en el lóbrego y tortuoso camino que aquel fraile agustino estaba recorriendo. Y esa luz vino de su contacto con las Sagradas Escrituras, donde pudo aprender que la justicia de Dios no es solo un atributo divino o la retribución que paga a las obras, sino la bendición misma que él nos otorga gratuitamente mediante la fe en Cristo.
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