Abu Zayd, una voz silenciada por los fundamentalistas islámicos

Abu Zayd, teólogo expulsado de Egipto por su interpretación reformista del Corán y obligado a divorciarse de su mujer, presenta una visión muy moderna del Corán sobre la relación entre géneros, la violencia, la democracia y los derechos humanos. Abu Zayd vsitará España del 16 al 20 de noviembre. Abu Zayd es doctor por la Universidad de El Cairo en estudios islámicos y árabes. Sus escritos e investigaciones lo han convertido en uno de los reformadores del Islam más importantes a escala mundial. En 1993 un colega lo denunció en una importante mezquita y los radicales islámicos solicitaron la anulación de su matrimonio en un tribunal de familia basándose en que sus escritos demostraban ser un apóstata y con la ley egipcia bajo el brazo, una mujer musulmana no puede estar casada con un hombre que no sea musulmán.

Aunque la corte no pronunció sentencia, un tribunal de apelaciones divorció a Abu Zayd y su esposa, decisión confirmada por la Corte Suprema de Egipto. En 1995 fue expulsado del país y reside en Holanda junto a su esposa donde es titular de la cátedra Ibn-Rushd de Humanidades e islam en la Universidad de Ultrecht.

En El Corán y el futuro del Islam, Abu Zayd analiza este texto sagrado como un texto histórico para dar paso a un análisis de las sucesivas transformaciones que ha sufrido el Islam a lo largo de los siglos. Y es que el islam, como otras religiones, se encuentra en un momento de tensión entre la tradición y el mundo moderno.

Seguramente esta tensión es más acuciada en los países occidentales donde en los últimos años se han generado debates en torno a el uso del velo. Abu Zayd considera que “No creo que el Corán prescriba que haya que llevar puesto un velo o un pañuelo en la cabeza. Lo que el Corán ordena es la decencia y un cierto pudor en la exhibición pública del propio cuerpo. Pero este mandamiento no es válido sólo para las mujeres, sino también para los hombres, y a ello no está unido ningún código del vestir determinado”. En este sentido, para Zayd “el burka u ocultar el cuerpo por completo no son sino espantosos fenómenos culturales“.

Abu Zayd también reflexiona sobre la identidad musulmana: “Hoy en días, las personas de los países más diversos se identifican entre sí preferentemente como musulmanes. Si se pregunta qué es lo que distingue en realidad a esta cultura musulmana común, se observará: no hablamos la misma lengua. Nos preparamos comidas diferentes, escuchamos música distinta, ¡ni siquiera nos reíamos de los mismos chistes! Lo que de hecho tenemos en común es el reconocimiento de la doctrina del islam; vamos cinco veces al día a la mezquita, ayunamos durante el Ramadán y quizá nos encontremos algún día durante la peregrinación a La Meca. Pero incluso la manera y la forma de cumplir con nuestras obligaciones religiosas no es exactamente la misma. El musulmán cuya lengua materna no es el árabe reza, quizá, en árabe, pero no está del todo seguro de lo que dice y tal vez pueda recitar a partir del Corán, pero no leerlo en su lengua original. Y de los aproximadamente 1.400 millones de musulmanes que viven hoy, alrededor de 1.000 millones emplean como lengua materna una lengua distinta al árabe. Debemos empezar a desmitificar esta idea de un islam presuntamente igual en todas partes, del “ser musulmán” siempre el mismo; y simultáneamente tenemos que comenzar a deconstruir esta idea de una única identidad musulmana”.

“No obstante, lo más importante es que tanto Occidente como el mundo musulmán entiendan que la separación entre ellos es absolutamente artificial. El islam se ha convertido en parte de Occidente, al igual que Occidente está presente en cada rincón del mundo islámico. En particular, Europa tiene que reorientarse y hacerse consciente de la composición multicolor de su población; el color claro de la piel no es ya el único color de Europa. Europa debe también redefinir su identidad, no para adoptar el islam como religión, sino para aceptarlo como un componente esencial de la identidad cultural europea, que a todas luces está en proceso de transformación”.
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