Derechos humanos y cristianismo

La fe cristiana verdadera conduce a un compromiso con la dignidad humana. La historia de la Iglesia católica, en el mundo y en nuestro continente latinoamericano, muestra sus mejores testimonios en esta lucha. Cuando se debilita este compromiso la sociedad siente que algo falla y falta.La represión del otro en la inquisición, las guerras de religión entre infieles o herejes, el desconocimiento de la dignidad y los derechos de los nativos durante la conquista, los silencios en momentos de dictaduras o autoritarismos, son escándalos de desconocimiento de los derechos del otro.

La Iglesia reacciona en nuestros días con el reconocimiento de los errores históricos de la institución, que algunos aprovechan para descalificar de plano la voz profética que hoy se alza por doquier. Profetismo no es el que adivina el futuro, sino el que desentraña el presente con profundidad para poder ver mejor el futuro.

Desde la realidad colombiana de la guerrilla, el jesuita Javier Giraldo hurga el trasfondo de un conflicto, en un libro que lleva por nombre el título de esta crónica. Describe las solidaridades internas entre agentes e instituciones del Estado. Identifica dos estados, uno en el que imperan los principios del derecho y otro guiado por la doctrina de la seguridad nacional, denunciada en forma explícita por los obispos latinoamericanos en el documento de Puebla (1979).

Se vale de la parábola del buen samaritano para descubrir al prójimo. Este no es una entelequia sino que tiene carne y hueso, en el aproximarse a la necesidad del otro. El samaritano se acercó al hombre tirado en el camino porque se le revolvieron las entrañas ante aquel espectáculo, no por cumplir un mandamiento. Como dijo Pascal “es el corazón el que pone las premisas de todo posible conocimiento de lo real”.

La opción por los derechos humanos no nace de una teoría, sino de una respuesta a los gritos de los que sufren. Y para ello hay que tener sensibilidad para escucharlos e interpretarlos. Ser profeta en medio de tanta contradicción es un rol que requiere fortaleza personal e institucional. Es, también, una exigencia de la fe cristiana.

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo
Volver arriba