Juan Pablo II y los indígenas

Resalto sólo algunas de sus muchísimas intervenciones por los indígenas, pobres entre los pobres. Un gran signo fue su empeño en que se demostrara la historicidad de Juan Diego, y luego reconocer oficialmente su santidad, o la beatitud de los Mártires de Cajonos, Oaxaca.
JUZGAR
En Oaxaca, el 29 de enero de 1979, dijo: “Mi presencia entre vosotros quiere ser un signo vivo y fehaciente de esta preocupación universal de la Iglesia. El Papa y la Iglesia están con vosotros y os aman: aman vuestras personas, vuestra cultura, vuestras tradiciones; admiran vuestro maravilloso pasado, os alientan en el presente y esperan tanto para en adelante. El Papa quiere ser vuestra voz, la voz de quien no puede hablar o de quien es silenciado, para ser conciencia de las conciencias, invitación a la acción, para recuperar el tiempo perdido, que es frecuentemente tiempo de sufrimientos prolongados y de esperanzas no satisfechas”.
Y clamó con voz profética: “Responsables de los pueblos, clases poderosas que tenéis a veces improductivas las tierras que esconden al pan que a tantas familias falta: la conciencia humana, la conciencia de los pueblos, el grito del desvalido, y sobre todo la voz de Dios, la voz de la Iglesia os repite conmigo: no es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas situaciones claramente injustas. Hay que poner en práctica medidas reales, eficaces, a nivel local, nacional e internacional. Y es claro que quien más debe colaborar en ello, es quien más puede”.
En Canadá, el 15 de septiembre de 1984: “No sólo el cristianismo es importante para los pueblos indígenas, sino que Cristo mismo es indígena en los miembros de su Cuerpo”.
En Tuxtla Gutiérrez, el 11 de mayo de 1990: “Ante tanta injusticia, ante tanto dolor, ante tantos problemas, un hombre puede llegar a sentirse olvidado por Dios. Vosotros mismos, habréis podido experimentar tal vez parecidos sentimientos: la dureza de la vida, la escasez de medios, la falta de oportunidades para mejorar vuestra formación y la de vuestros hijos, el acoso continuo a vuestras culturas tradicionales, y tantos otros motivos que podrían invitar al desaliento. Más aún, podrían sentirse olvidados quienes han tenido que dejar sus casas, sus lugares de origen, en una afanosa búsqueda del mínimo imprescindible para seguir viviendo. No caigáis en la seducción de los vicios, como el abuso del alcohol, que tantos estragos causa; ni prestéis vuestra colaboración al narcotráfico, causa de la destrucción de tantas personas en el mundo”.
A los representantes de los pueblos amerindios, en Santo Domingo, República Dominicana, el 12 de octubre de 1992: “Elemento central en las culturas indígenas es el apego y cercanía a la madre tierra. Amáis la tierra y queréis permanecer en contacto con la naturaleza. Uno mi voz a la de cuantos demandan la puesta en acto de estrategias y medios eficaces para proteger y conservar la naturaleza creada por Dios. El respeto debido al medio ambiente ha de ser siempre tutelado por encima de intereses exclusivamente económicos o de la abusiva explotación de recursos en tierras y mares. Entre los problemas que aquejan a muchas de las comunidades indígenas están los relacionados con la tenencia de la tierra”.
ACTUAR
En Izamal, Yucatán, el 11 de agosto de 1993: “Conozco las dificultades de vuestra situación actual y quiero aseguraros que la Iglesia, como Madre solícita, os acompaña y apoya en vuestras legítimas aspiraciones y justas reivindicaciones. Como cristianos, no podemos permanecer indiferentes ante la situación actual de tantos hermanos privados del derecho a un trabajo honesto, de tantas familias sumidas en la miseria”.
En Santo Domingo agregó: “Se trata de conseguir que los católicos indígenas se conviertan en los protagonistas de su propia promoción y evangelización. Y ello, en todos los terrenos, incluidos los diversos ministerios. ¡Qué inmenso gozo el día en que vuestras comunidades puedan estar servidas por misioneros y misioneras, por sacerdotes y obispos que hayan salido de vuestras propias familias y os guíen en la adoración a Dios en espíritu y en verdad!”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas