El divino descontento

A los 20 años ingresa en Columbia University y comienza una nueva etapa en su vida. Asiduo lector, escritor prolífico; sensitivo, observador, introspectivo y muy crítico, deja plasmado en sus diarios su experiencia personal y espiritual. En 1938 se bautiza y se manifiesta su inquietud vocacional. Solicita ingreso en los franciscanos, pero permaneciendo con sus obligaciones docentes. En 1941 lo cautiva Getsemaní e ingresa en dicho monasterio, una vez aclarada su situación para ser sacerdote, pues Merton había engendrado un hijo en los tiempos de Cambridge, y la madre y el niño murieron en un bombardeo en Londres.
Su ingreso en el monasterio no le impide continuar escribiendo. Dos son los grandes diarios que le dieron fama: La montaña de los siete círculos y El signo de Jonás. La conversión de Merton contada en la primera de estas obras, es un descubrimiento de la fe; su vida es una historia de fe vivida; y sus escritos son una exploración de la realidad de la fe y su significado en el siglo XX: Testifica con fuerza y nitidez la presencia de Dios en sus vidas.
Su correspondencia con Juan XXIII, su encuentro personal con el Dalai lama, sus escritos monásticos, su denuncia de la guerra, su compasión desde la soledad para con la familia humana, su sensibilidad ecológica y el lenguaje moderno con el que supo acercar la sabiduría de tradiciones contemplativas milenarias a la comprensión del siglo XX son fuente de inspiración y luz en momentos de cambios sin precedentes.
Vale la pena acercarse a sus obras pues Merton pudo darnos una visión de la vida monástica y contemplativa basada no en el rechazo y la privación, sino en el amor, la confianza y la entrega. El joven monje, que inicialmente estaba lleno de vergüenza hacia sí mismo y desprecio al mundo, fue capaz de cambiar y llegar a estar lleno de amor tanto hacia sí como hacia los demás. He aquí su legado para tiempos recios.
Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo