Carta de un obispo de 95 años: "Adsum"

Soy anciano, he cumplido 95 años y he constatado plenamente que Dios me ama con predilección. Mirando atrás, toda mi vida ha estado cobijada en la amorosa Madre de Dios y Madre mía, conduciéndome constantemente a su Hijo, Jesucristo Nuestro Señor -a Quien he procurado seguir e imitar en todos los momentos de mi existencia-, desvelando acción de gracias en las circunstancias positivas y dándome fortaleza y serenidad en las onerosas, ya que todo es don y de todo ha habido en mi vida humana y cristiana, de seglar, de sacerdote y de obispo.

A partir de esta edad, la muerte ya está cercana y, agradeciendo el tiempo que pueda durar, pueden acontecer unas circunstancias propias de la ancianidad: la pérdida de movimiento físico hasta la silla de ruedas, la imposibilidad de valerse por uno mismo, la disminución progresiva o rápida de la capacidad mental...

Todo, y lo que no puedo prever, lo acepto con serenidad y agradecimiento, pues todo es don, y me confío a la ayuda del Señor, a la amorosa comprensión de la Madre de Dios y mía, en la que siempre he confiado, y a la caridad de los que me cuidan. Mi respueta, desde ahora, es “Adsum”: Señor, aquí me tienes".

Monseñor Ramon Daumal, obispo emérito de Barcelona (fallecido el pasado 10 de febrero)
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