Monteiro en Roma, otro contrapeso para Rouco

El Papa premia a su representante en España, el portugués Manuel Monteiro de Castro, y se lo lleva a Roma a ocupar el puesto de Secretario del Dicasterio de Obispos. Por sus manos pasarán todas las mitras católicas que en el mundo se nombren. Un premio al buen hacer del Nuncio que, tras nueve años en Madrid, y en época de máxima tensión entre la Iglesia católica española y el Gobierno socialista, supo tender puentes y no romper el diálogo.

«El Santo Padre me acaba de llamar y es una muy buena noticia», anunciaba el nuevo Secretario a la prensa a su llegada al curso sobre Los retos sociales de la integración de los inmigrantes, organizado por la Universidad Rey Juan Carlos en el municipio madrileño de Aranjuez, momento en el que acababa de recibir la llamada desde el Vaticano.. «Dejo Madrid con mucha pena porque estaba muy feliz».

Últimamente, en los ámbitos eclesiásticos, se le llamaba el Nuncio del caldito. Y es que, cuando las relaciones entre Zapatero y Rouco estaban más tensas, Monteiro de Castro invitó al presidente del Gobierno públicamente a tomar un caldito en Nunciatura. El caldito se convirtió en una cena, que sentó a cuerno quemado al cardenal de Madrid y presidente del Episcopado español.

Nunca hubo buena química entre Rouco y Monteiro. No congeniaron ni por carácter ni por forma de ser ni por sus diferentes visiones estratégicas para la Iglesia española. Rouco, partidario de plantar cara al Gobierno laicista de Zapatero, topaba siempre con la llamada a la moderación del Nuncio. Quizás por eso, el embajador del Papa siempre se entendió mejor con Ricardo Blázquez. Y de hecho, ambos, con la ayuda en ciertos casos del cardenal Cañizares, consiguieron acuerdos históricos con los socialistas, como el nuevo modelo de financiación del catolicismo español.

Un puesto muy relevante

Cariñoso, moderado, siempre sonriente, dialogante y tranquilo, Manuel Monteiro de Castro (Santa Eufemia, Portugal, 29 de marzo de 1938) sube en el escalafón eclesiástico. Con un puesto muy relevante como secretario de la congregación de obispos. Y con muchas posibilidades de suceder en la presidencia del poderoso dicasterio a su actual presidente, el cardenal Re, que ya ha cumplido los 75, la edad de jubilación eclesiástica.

Y en ese dicasterio se encontrará de nuevo con su viejo amigo, el cardenal Rouco, que también forma parte, desde hace muchos años, de la fábrica de obispos.

El cardenal de Madrid se quita un peso de encima. O un contrapeso cercano. Rouco sigue siendo el vicepapa en España, cada vez con menos oposición, pero pierde poder en Roma. Porque ya se sabe que «de Roma viene lo que a Roma va». Y la voz del cardenal de Madrid deja de ser la única voz española que se oye en la Santa Sede.

A partir de ahora, las altas esferas vaticanas, comenzando por el Papa y su secretario de Estado, cardenal Bertone, número dos de la Iglesia católica, tendrá tres fuentes de información de los asuntos españoles: el cardenal Rouco, el cardenal Cañizares (que gana cada vez más peso en la Curia) y el arzobispo Monteiro de Castro.

Partidario del entendimiento con todos («incluso con el Estado teocrático de Irán», decía ayer mismo), Monteiro hará todo lo posible para que no se siga tensando la cuerda Iglesia-Estado en España. Entre otras cosas, porque puede romperse, y los socialistas podrían optar por denunciar los Acuerdos de 1979 y la Iglesia perdería en el envite. Y mucho.

José Manuel Vidal
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