Me lo repito con frecuencia: tengo necesidad de aumentar en el alma el deseo de perfección porque un día recibí el sacerdocio de Jesucristo o la profesión religiosa, y he de colaborar con Él a la salvación del mundo. No puedo permanecer indiferente al llamamiento que Dios me hizo.
Si por circunstancias no le he servido al cien por cien, ni al ochenta, por lo menos lo que esté en mi mano, con su ayuda he de practicarlo. ¿Qué menos que proponérmelo? De repente no puedo aspirar a la santidad más encumbrada, pero poco a poco; correspondiendo a las gracias que Dios nos da en cada momento.
El deseo de santidad es la condición primordial en toda vida espiritual. Dispone al alma para recibir el don de lo Alto. Abrir nuestra alma enteramente ante Dios y aumentar la capacidad de recibir los dones divinos. Este es nuestro problema acuciante.
Puedes mirar mi página web http://personales.jet.es/mistica
Más de mil artículos míos sobre la debilidad, enfermedad, etc. en
http://www.opina2000.com