COMUNION SOSEGADA Y AGRADECIDA

Me gusta escuchar a personas llenas de amor eucarístico; es un placer. Me encanta oír consejos como éste: - Huye amigo de la ingratitud; cobíjate en el amor a Jesús que te espera en la comunión; prolonga tu estancia con El después de la Misa en el reposo sosegado de una acción de gracias sincera y detenida. No hagas como tantos que se acercan al comulgatorio, sí, en estado de gracia, pero huyen después del templo con prisa y sin amor ni agradecimiento.


Tú has de recogerte en unión íntima con el Divino Maestro; has de mantener con El una conversación íntima. Aun cuando la asamblea eucarística haya sido despedida con el "Podéis ir en paz", permanece tú allí un rato en alabanza privada a tu Señor y Dios, dueño del cielo y de la tierra.

Qué buena costumbre la de un amigo sacerdote: durante tres o cuatro minutos después de la comunión, hace sonar por los altavoces del templo suaves melodías bien escogidas que ayudan a los fieles a recogerse interiormente, en adoración silenciosa o en petición confiada.
Centrarse en el misterio; rezar despacio el "Alma de Cristo" (1) el Padre Nuestro; el "Miradme oh mi amado y buen Jesús" (2) que tantas indulgencias tiene.

Tu comunión sea amorosa y reposada. Recuérdale a Jesús que tú
quisieras compensar con amor tantos pecados, tanta frialdad al Sacramento; tantas faltas contra el honor de Dios o desprecio del prójimo. Reparación; adoración; agradecimiento. Señor, todo para ti, para tu honor, para tu gloria.
José María Lorenzo Amelibia

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