Algo llevaba consigo el Mons. el Cardenal Carlos Amigo. Algo ha llevado consigo después de su jubilación, y para bien. Vemos en esta persona de Iglesia una paulatina transformación a mejor. Hemos seguido, aunque de lejos, los pasos de Amigo desde hace muchos años. Desde los comienzos de su andadura en Sevilla. Entonces era un obispo más: no nos causaba la menor admiración. Fue a raíz de su ascenso al cardenalato cuando comenzó a subir puntos a los ojos de muchos. También a los míos.
Mi amigo Francisco Macaya – que nos bendiga desde el Cielo – me informaba paso a paso del prestigio ascendente de Don Carlos. Comenzó entonces a subir muchos puntos su predicación ¡arrastraba! Ya en 2010 podíamos calificar al señor Cardenal como el mejor orador episcopal que de España. Y es que su palabra cala, estimula y anima en nuestro caminar hacia Dios. Y no es tan solo por lo que dice – que todos los predicadores dicen cosas buenas – sino cómo lo dice, cómo con una sonrisa llena de unción religiosa, expresa la Palabra con cariño, convicción, incluso se trasluce en ella amor.
Lo hemos escuchado por televisión desde su pueblo natal, Medina de Río Seco. Desde su parroquia primitiva Santa María de Media Villa. Nos exhortaba a la alegría, a esa alegría que no la fundamos en las cosas de este mundo, sino en que Dios es Dios, que es nuestro Padre, que viene a salvarnos. Y con total convicción afirmaba: “La razón de nuestra alegría es la esperanza”. “Jesús en la Eucaristía es nuestro alimento”… “¿Cómo no voy a estar alegre, dice el niño, si mis padres se deshacen para sacarnos adelante?”.
Pero no es solo la frase, es su expresión, su propia convicción, su acercamiento al problema de la gente de hoy. Veía los rostros de los fieles atentos, incluso con emoción, reafirmando con su mirada cuanto escuchaban. ¡Eso es predicar hoy! Y pienso que no se trata de un comediante. El cardenal Amigo ha sufrido mucho. Eso todo el mundo lo sabe. No es normal que a un obispo le metan con calzador, en plenitud de salud, a un auxiliar con derecho a sucesión; no es normal que a un obispo le acepten la renuncia a los pocos días de su cumpleaños. Tuvo que sufrir mucho nuestro gran predicador. Pero eso mismo, con humildad y confianza en la Providencia, le ha dado la madurez que hoy tiene en la expresión de su fe en Dios, Providencia, Amor.
También escuché al Prelado en el mes de febrero del 2012 en la misma Misa dominical. También nos cautivó a todos. También nos dio el mensaje de esperanza y caló en nuestras almas desde el principio cuando comenzaba: “¿Señor, cómo no vamos a estar preocupados si miramos al pasado… si miramos al presente… si miramos al futuro…? Pero en Ti confiamos, que eres Bueno, que eres Padre, que eres Providencia…”
No es cometido mío canonizar a nadie. Ni siquiera poner a nadie el pedestal. Solamente quiero decir que a Amigo, se le ve como amigo. Como un cristiano que sabe dar testimonio de fe con su palabra. Y que el Señor le dé la verdadera santidad, cosa por supuesto para mí también deseo. Y… si no le cuesta mucho, que se quite la mitra para predicar. Yo la veo como algo antiestético, y como un estorbo. Me vale como símbolo; pero no creo que un símbolo haya que ponerlo hoy encima de la cabeza. Han pasado aquellos siglos.
José María Lorenzo Amelibia
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