Este año agradezco a Dios una gracia especial, la gracia 1993: ha sido encontrar a D. Félix Beltrán y su libro y sus cintas. Ha renacido con fuerza en mí de nuevo la emoción sacerdotal; como en los mejores tiempos; como en los primeros años del sacerdocio. Impresiona un sacerdote de setenta y tres años con la misma ilusión, con la misma emoción, con mucho más amor a Dios y a sus hermanos que un recién cantado Misa.
Cuando contemplo cómo Dios se ha derramado sobre mí. (A ti te ocurrirá quizás lo mismo), me da una gran alegría y a la vez me preocupa, porque pienso que no he logrado corresponder y mi vida para hacia adelante. Siempre acordarnos de mostrarle agradecimiento.
Merece la pena comenzar todos los días con una hora de oración o al menos media para estar durante toda la jornada ardiendo en amor a Dios. Llevar a la oración siempre algo que pedirle, algo que contarle, algo del amor mutuo que nos une con El. Y no desanimarnos por las lagunas. Saber comenzar cada día. Cada vez soy más consciente de que sin la gracia total de Dios no podemos ni principiar, ni continuar ni concluir cosa conducente para la vida eterna. El pequeño mérito que cabe en nuestra vida está en quitar obstáculos, disponernos, intentar corresponder. Y para ello también necesitamos su ayuda.
Lo compruebo vivencialmente con la lectura espiritual y mi manera de reaccionar ante ella. Me enardece y entusiasma, me hace vivir en clima de oración, en fervor constante. Pero para que no crea que es algo meramente natural, por propio temperamento, hay días y quizás semanas, en que el libro se me cae de las manos y me sume en un gran aburrimiento; incluso tedio.
José María Lorenzo Amelibia
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