Llegar a la contemplación, a la vida iluminativa. Estar allí. Ya es hora a juzgar por la edad que tenemos. Vivir en el mundo con interés. Con más interés que personas no creyentes o flojas en su fe. Porque nos corresponde ser testimonio del Amor de Cristo. Pero a la vez un poco ajenos a todo, porque ésta no es morada definitiva, sino hotel de transición. Buscar a Dios siempre. Buscarle cuando llegan las noches oscuras. Dedicarle entonces más tiempo si es posible. Decirle entonces: ¡Quién te encontrara de nuevo! ¡Quién pudiera descansar en ti! ¿Cuándo tendré la dicha de abrazarte en mi alma!
A ver si conseguimos de una vez para siempre no dejarnos llevar del gusto de lo sensible, sino de lo verdaderamente importante y trascendente. A veces nos sentimos incapaces de avanzar por el camino de la perfección cristiana. Y suele ser siempre culpa nuestra. Otras veces quizás estemos sufriendo una serie de purificaciones pasivas duras, cuando parece que se une al dolor y malestar físico la aridez más absoluta en el terreno espiritual. Yo noto que Dios me llama a entrar en la vía iluminativa. Pero me cuesta romper una serie de apegos innecesarios que me detienen en un eterno principiante de vía purgativa. Y doy gracias a Dios continuamente de la forma que me llama, y siento una profunda compunción de corazón por no saber seguirle. ¡Cuánta aplicación tiene aquello de "mañana le abriremos".
José María Lorenzo Amelibia
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