Lucha contra los apegos


Hoy por hoy lo que nos detiene, al menos por lo que a mí respecta, en la marcha hacia Dios son los apegos. Es muy difícil despegarse de lo que nos ata y nos gusta. A veces pienso que son drogas no sólo las tradicionales, sino también mil y mil caprichos de los que no acertamos a desprendernos. ¡Qué difícil despegarse de esta liga que nos ata las alas para volar! Y es necesario esforzarse.

He pensado mucho el modo de desprenderse de estos ligamentos. Se me ocurre la oración, pero no a secas, sino con pequeños sacrificios, para mover el corazón de Dios hacia nosotros. Aquello repetido tantas veces por el padre Nieto: Dadnos, Señor, el don de abnegación. Pero todo esto con paz. Con mucha paz. Con el corazón gozoso, generoso, sin depresiones. Para ello pedir con humildad al Señor.
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