A nuestros queridos obispos: Y es preciso meditar en esto que Don Enrique Delgado, mi antiguo obispo q.e.d., nos decía en cierta ocasión en confidencia de intimidad:
"Tengo sobre mí una serie de dignidades: soy sucesor de los Apóstoles, líder eclesial, no carezco de títulos académicos, la gente me honra y a veces me hacen homenajes. Y tengo el peligro de "creérmelo". Como aquel borriquillo que, cargado de reliquias de santos, se admiraba y enorgullecía de que todos le hicieran a él la venia. Se creyó el pobre que todos los homenajes eran para él, y eran para lo que llevaba encima. Pero yo no quiero ser como el borrico".
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