Obispos. A nuestros queridos obispos: Que seáis como los santos,


Que seáis como los santos para quienes sus delicias eran hablar de Dios. Y junto a esto, la mortificación, la gran olvidada. No sólo la aceptada, sino también la voluntaria. El día en que reanudamos la mortificación voluntaria, comienza de nuevo el fervor.

Es el "tributo" que hay que pagar, desasirse de los apegos. Recemos al Señor por que haya sacerdotes santos que estimulen a sus compañeros en el celo por las almas, en la salvación del mundo, y sobre todo en el amor a Dios. Sacerdotes como El Cura de Ars, el P. Nieto, San Juan de Ávila, San Antonio María Zacaría.

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