Hemos vivido muchos años de las rentas en materia espiritual, tal vez de una manera inconsciente, sin una ruptura. Aquellas pingües rentas de lo mucho que acumulamos en nuestros tiempos de seminario.
Nos parecía que podíamos mantener el contacto con Dios sin necesidad de dedicar tiempo especifico a la oración. Luego nos damos cuenta de que no se puede uno alimentar de bocadillos o chucherías. No podemos vivir la intimidad con Dios sin entregarle diariamente tiempos específicos de oración o meditación. Si estamos un poco alejados, comencemos por la lectura espiritual. Todos los días entre media hora y una hora.
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