Profundizando en la historia del celibato. Siglo XI

En el siglo XI estaban en plena lucha para implantar el celibato. El Concilio de Bourges. "Ningún sacerdote, diácono o subdiácono podrá tomar concubina o esposa; el que la tenga, la debe dejar inmediatamente; el que se niegue a ello, deberá renunciar al ministerio en el acto; el subdiácono antes de la ordenación deberá declarar su voluntad de no tomar concubina o mujer en el futuro.
Los hijos de sacerdotes no serán admitidos como clérigos. El que deja el estado clerical deberá ser separado de los miembros del clero.
Literatura de combate. Contestación a la normativa
La reforma gregoriana (Leyes del año 1082) tuvieron desde el principio su contestación. Apelan los contestatarios al Antiguo Testamento, según el cual no sólo es lícito el matrimonio , sino también necesario.
- El Nuevo Testamento no prohibe, sino que lo supone practicado por los clérigos. Obispos "unius uxoris viri". (1ª Tes. 3,12 Tito 1,6) Y recomienda tener su propia mujer para evitar la incontinencia (1ª Cor. 7,2) Mt. 19,11 y 1 Cor. 7,25 presentan la continencia como consejo.
- Algunos textos de Concilios y Papas que prohiben a los sacerdotes abandonar a su mujer o que condenan a los cristianos que rehusan los sacramentos a los sacerdotes casados.
La renuncia del matrimonio no se puede imponer, sino sólo recomendar.
La caridad se hiere y la misericordia con normas excesivas.
Peligro de hipocresía farisaica.
- La ley del celibato de lugar a mala conciencia o a pecado, que no compensa la virtud de quienes lo practican.
No se puede imponer una obligación tan grave como la continencia, si ésta no viene de Dios, sino de los hombres. Dios concede los carismas sólo a título individual. Por otra parte el matrimonio es algo querido por Dios.
- Nadie puede romper el lazo matrimonial, por consiguiente no se puede impedir a los sacerdotes casados el uso del matrimonio.
- No ser puede impedir a los sacerdotes casados ni declarar inválidos los actos ministeriales. La eficacia del ministerio sacerdotal deriva de Cristo, no de sus ministros. Todo acto sacerdotal es santo. Hay que resistir a la reforma. Los partidarios de la reforma contradecían estos argumentos. Y al final ganaron ellos la partida de esta ley humana, pero nada humanitaria, y a nuestro juicio, nada evangélica.
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