Tema: Los sacramentos nos llevan al crecimiento espiritual
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1.- Los sacramentos “contienen la gracia que significan” con sus ritos sensibles, y “confieren la misma gracia a los que no ponen óbice” (Trento 1547: Dz 1606). Por eso los fieles “en la recepción de los sacramentos, crezcan en la gracia” Esto lo sabemos desde la niñez. En nuestra formación espiritual se nos ha dicho cientos de veces. Nos estamos moviendo en el terreno de la fe. Hemos de ser conscientes de ello. Repetir muchas veces en este retiro, a modo de mantra: “Los sacramentos me dan o aumentan la gracia”.
2.- Gracias actuales. Dios quiere conectar su gracia interna a ciertas gracias externas, como puede ser una predicación, la lectura de un buen libro, una enfermedad, un encuentro, etc. Son las gracia actuales. Todo puede ser gracia, pues “sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman” (Rm 8,28). Por eso hemos de vivir siempre con los ojos de la fe bien abiertos. Por eso, aun cuando nos sucedan cosas desagradables, desgracias, ver la mano de Dios allí. No desesperar. Confiar. Orar. Acercarnos más a Dios. Pedirle ahora esta iluminación interior.
3.- Pero en un sentido más propio, hay que decir que las gracias externas más ciertas y eficaces son los sacramentos, la predicación de la palabra de Dios. Son verdaderas fuentes de gracia, verdaderos manantiales. He de apreciar así los sacramentos, porque esto son.
4.- Si el Dios quiere santificarnos, ninguna carencia circunstancial puede impedírselo, aunque falten personas, libros, ambientes o lo que sea. “Ninguna criatura podrá arrancarnos al amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8,39). Hemos de tener mucha confianza en todo momento. Aunque veamos en nuestro derredor gente mediocre, sacerdotes disipados, religiosos o superiores de mal vivir, no hemos de desalentarnos. ¡Siempre junto a Dios! Él nos ayuda con las gracias actuales y nos santifica con los sacramentos. ¡Señor, confío, espero, ayúdame…”
5.-En cuanto sea posible, busquemos la gracia interna en aquellas gracias externas que Dios ha establecido, y en su providencia ha puesto a nuestra mano. Esto, que es tan evidente, con no poca frecuencia lo ignoramos o no lo llevamos a sus últimas consecuencias. ¿Y cómo buscar esa gracia interna? Cuando notamos ese deseo de crecer, cuando Dios toca nuestro corazón, acercarnos a Él con la oración, también fuente de gracia… y de allí a los sacramentos. Apreciar de una manera especial la Eucaristía y la Penitencia, los dos sacramentos que recibimos con mayor frecuencia.
6.- Son muchos los que menosprecian el orden concreto de gracia dispuesto por Dios, y buscan la santificación con un criterio predominantemente subjetivo. El ejemplo más clamoroso lo tenemos en la relación con los sacramentos. El cristiano, por ejemplo, que trata de sanar de sus enfermedades espirituales con grandes empeños ascéticos -supongámoslo-, pero que no se acerca al sacramento de la penitencia sino muy de tarde en tarde, no irá muy lejos. Conseguirá poco y se cansará mucho. Incluso hay peligro de que vaya abandonando la vida espiritual. Y es que no se alcanza la gracia interior cuando se menosprecia la gracia exterior puesta por Dios. Pedirle a Dios fuerza para de verdad apreciar los sacramentos de Penitencia y Eucaristía.
7.- Si queremos crecer ante Dios, hagámonos como niños. Si queremos que Dios nos enriquezca con sus gracias, hagámonos pobres, y pidámosle la limosna de su gracia. Si queremos que El se nos dé en su gracia, entreguémonos a él totalmente. Podemos decir con San Ignacio de Loyola: “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta” (Ejercicios 234). Repetir varias veces y muy despacio esta oración.
8.- Recuerda que la gracia sacramental es el derecho a las gracias actuales después de haber recibido un sacramento. Porque hemos de darnos cuenta de que el sacramento, además de la gracia santificante confiere la gracia sacramental. Hemos de recordarlo, vivirlo, invocarlo. Que el sacramento no es algo que se recibe y luego se olvida.
Libro principal de consulta “Síntesis de espiritualidad católica” De Rivera e Iraburu
Examen práctico
- ¿Hago actos de fe sobre todo cuando recibo sacramentos?
- ¿He preparado algo mi oración y sacramentos?
- ¿Unes el sacramento del perdón con tu penitencia voluntaria?
- ¿Cómo llevas tu oración obligatoria: Misa dominical, oficio divino, recepción de sacramentos?
- ¿Cómo te preparas para recibir la comunión y cómo das gracias?
- ¿Cómo te preparas para la confesión y cómo das gracias?
- El bautismo recibido en la primera infancia no ha tenido ninguna preparación por nuestra parte: ¿Lo rememoras, lo agradeces, lo vives?
- Si estás esperando la recepción del Orden Sacerdotal, ¿cómo te preparas?
- Si estás esperando la recepción del matrimonio, ¿cómo te preparas?
- ¿Rememoras y agradeces e invocas la fuerza de la gracia sacramental de los sacramentos que has recibido?
- Pedir a Dios la gracia de poder recibir a su tiempo debido el sacramento de la Unción de los Enfermos.