Santa Luisa de Marillac

A Santa Luisa de Marillac, la fundadora de la Hijas de la
Caridad, no le salían las cosas bien casi nunca: en casa no fue querida; deseó meterse monja capuchina y no la admitieron; se casó, y su marido murió joven tras larga enfermedad; el hijo de aquel matrimonio fue causa de continuos problemas. Después Luisa actuó en obras de misericordia junto a San Vicente de Paúl, pero nunca acabaron sus graves problemas. Ella subraya la necesidad del sufrimiento como camino IMPRESCINDIBLE para ir hacia Dios. Mira las frases que escribe:


"Las almas a quienes Dios llama al sufrimiento deben amar mucho este estado y creer que, sin una asistencia muy particular suya, no pueden serle fieles. Dios me ha hecho la gracia de conocer que es su voluntad para mí el camino de la cruz. El quiso que desde mi cuna estuviese marcada con ella, no dejándome casi nunca, en todas las épocas de mi vida, sin ocasión de padecer. Y después que su gracia me ha hecho estimar y desear muchas veces este estado, tengo la esperanza de que su bondad me ha de dar la gracia para cumplir su voluntad santísima."

¡Qué bien vienen estos ejemplos de los santos! Nos facilitan la aceptación de los sufrimientos de cada día. Ellos han vivido las mismas dificultades que nosotros o mayores.

Yo sé que después de las crisis se llega por un don de Dios, que nos lo concede si se lo pedimos con humildad, a ser más felices incluso que antes de la enfermedad.

Me decía un íntimo amigo: - Tengo que guardar muchas horas de silencio al día porque las cuerdas vocales se encuentran muy gastadas y me quedo sin voz. Al principio me costó aceptarlo, pues me gustaba mucho charlar. Pero ahora veo la Providencia de Dios que me ha guiado por estos senderos y mi gran gozo y alegría está en la vida interior, que aunque no la abandoné, sí la tenía un poco relegada. Disfruto con la lectura espiritual mucho más que viendo películas de cine.

No es remedio contra las dificultades y problemas el rehuirlos. Yo veo la solución en reestructurar nuestra mente y volvernos hacia Dios Padre con nuestros trabajos y miserias. Muchas veces nos preguntamos: ¿por qué a mí estas dificultades y miserias? ¿Por qué?

Y no acabamos de comprender que Dios en su Providencia ha dispuesto para todos dificultades y miserias como lo hizo con Luisa de Marillac. La Providencia de Dios llegamos a "entenderla", cuando nuestra existencia alcanza su madurez; y puede ser que ni siquiera entonces. La comprenderemos en el Cielo.
Ahora, a seguir al Señor de cerca con entera confianza.


José María Lorenzo Amelibia

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