Siempre me ha preocupado el Gran Problema

Siempre me ha preocupado el Gran Problema: la salvación propia, y la salvación de los demás. Ese es el enorme y trascendental problema. Muchos no lo perciben y se les pasa la vida sin pena ni gloria.


Nosotros, sí, lo hemos de enfrentar. Pero vamos a tener en cuenta que Salvador sólo hay uno: Jesucristo. Lo que salva es lo divino. Yo, como sacerdote, si quiero salvar almas He de poseer lo divino. Tengo que transformarme en Jesús.

Y esto sólo lo puedo realizar por medio de la oración. Es hora de ir despidiéndose de la televisión, de lecturas distractivas, de pasatiempos. Es hora de acercarnos a Dios antes de que salga el sol. Pasar varias horas enfrascado en la lectura de libros del espíritu. Allí se irá fraguando mi apostolado. Allí me iré enamorando de Jesucristo.

El Amor a Jesús Eucaristía. ¿Cuánto tiempo paso cada día en adoración contemplativa delante del sagrario de mi parroquia? ¿Cómo quiero ser feliz sin un Gran Amor? ¿Cómo voy a influir en mi feligresía desde las rutinas que aprendí un día, si no me enamoro del Dios que fue la alegría de mi juventud?

Te recomiendo que practiques unos ejercicios espirituales con todo el empeño. Y mientras tanto, un esfuerzo: "a hacer rodillas junto al Sagrario de mi parroquia."

Aquella frase de Pío XII nos tenía que llegar al alma: "Misterio tremendo, que la salvación de muchos dependa de unos pocos". Y nosotros, los mimados de Dios, estamos en ese número de los "pocos". ¿O que pasa con nuestra fe?

Nos hace falta más celo: como el de aquellos curas jóvenes de los años cincuenta en Navarra. ¿Recuerdas a muchos sacerdotes de la Ribera que venían a hablarnos al Seminario? Mario Olave, Santiago Zubieta, Azagra, Alberto Más... Cuando Don Alberto nos decía, estando en Funes: "Subo de dos en dos las escaleras de la iglesia para llegar antes y tener más tiempo de oración. Los domingos me estoy toda la tarde en la iglesia para pedir al Señor por aquellos a quienes he de hablar los días siguientes. El gran problema nuestro es el de enamorarnos de Cristo, mantener siempre este amor, alma y llama de toda acción apostólica.

Ver página web http://personales.jet.es/mistica
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