Total igualdad


Hablaba un día con un amigo obispo sobre la igualdad de todos. No le gustaba el tema. en el fondo lo entendía pero – decía – un obispo puede ordenar sacerdotes, tú, no. Y tenía razón, pero a la vez se equivocaba. Y no solo porque todos somos hijos de Dios…

En el momento de morir, todos los hombres son iguales con respecto a lo pasado en esta vida y con la total necesidad de rendir cuentas al Creador y de terminar el currículo de la existencia terrenal. El que vivió mucho y el que vivió poco, el que disfrutó mucho y el que sufrió, porque ya todo se acabó.

Entonces ni uno siente los gustos, ni el otro los sufrimientos pasados. Ni uno se goza de su larga vida, ni el otro sufre por haber sido desgraciado. Lo único importante entonces será haber servido a Dios, haber practicado muchas obras buenas. Me suelo hacer estas consideraciones a menudo. Me vienen bien.

Miro hoy la vida de una forma mucho más relativa. No envidio ni al rico, ni al poderoso, ni siquiera al sabio. Tan sólo me llama la atención el hombre santo. El que vive con una fe grande y las obras acompañan a su credo.

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