Más de uno se ha extrañado del encabezamiento de esta sección que lees: "Reflexiones desde la debilidad". ¿A qué viene esto?
Porque lo estamos descubriendo por todas las partes: quien triunfa es el fuerte. Si miramos el mundo animal, siempre se impone el de más vigor. Entre los seres racionales, desde la edad de las cavernas, ha dominado sobre los demás el compañero dotado de máxima fortaleza.
Hoy en día comprobamos que alcanza las cotas más altas, el mejor dotado de facultades intelectuales, astucia para arrimarse al poder, psiquismo sin complejos. En una palabra: podemos augurar éxito al poderoso; en cambio al débil...
Pero, hermano, unos son los criterios del mundo y otros muy distintos los del Evangelio. Me alegro del título de esta sección: "Reflexiones desde la debilidad". Por algo decía Jesús: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos."
El gran Apóstol de los Gentiles se presentó así a los de Corinto: "en debilidad, temor y mucho temblor." Y añade, un poco más adelante, que a cuantos se dedican al apostolado Jesús les ha asignado el último lugar; como condenados a muerte, pues hemos venido a ser necios por amor a Cristo y débiles.
Querido enfermo: Vamos a mirar así nuestras dolencias, nuestra marginación, nuestra ancianidad y torpeza. Sí: los criterios de Dios son muy distintos de los juicios de
los hombres. ¡Arriba los corazones!
¿Que antes fuiste muy importante, muy influyente en las cuestiones humanas o apostólicas, y ahora te encuentras inútil a causa de la enfermedad?: Alégrate con Jesús. Ahora, seguro, es cuando están madurando los frutos sembrados en los días de bonanza.
¿Piensas tal vez en tu vida pasada y la hallas vacía de buenas obras, llena de pecado o frivolidad, alejada de Dios? El Señor te ofrece una oportunidad: el tiempo de tus dolencias y achaques. Acércate a El. Confía.
Vas a aprender la grandeza de servir a Dios desde el dolor y la debilidad.
Y repetirás con el Apóstol San Pablo: "Muy gustosamente continuaré gloriándome en mis debilidades para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por lo cual me complazco en las enfermedades... pues cuando parezco más débil, entonces es cuando soy más fuerte."
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