1.- En el momento primero de la oración, siempre ponerme en presencia de Dios.
2.- Durante la oración, un poco de disciplina, con atención consciente, darme cuenta de que estoy con mi Señor y Dios.
3.- Estar muy consciente ahora: yo estoy con Dios, Dios está conmigo. Prolongar esta atención durante la oración, prolongarla durante el día: Dadnos, Señor, un corazón nuevo; derrama en nosotros un espíritu nuevo.
4.- Entro más profundamente en la "espesura" de mi alma. Allí donde no hay disgusto, ni nervios, ni exaltación, ni excitación alguna. Desde esta profundidad del espíritu, adoro a mi Dios y Señor.
5.- Enséñame a mirar tu rostro y antes, muéstrame tu rostro, Señor.
6.- Enséñame a contemplarte con atención amorosa.
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