Leía en San Gregorio: la perfecta vida es meditación de la muerte. Aquel vive bien que aprende a estudiar cómo ha de morir, y el que no sabe esto, no sabe nada, ni le aprovechan las demás ciencias.
Aristóteles dijo al morir: Entré con pobreza en este mundo, viví con miseria, y muero con ignorancia de lo que me importaba saber. Merece la pena anotar de vez en cuando frases de hombres sabios, profundos, conscientes.
Es hora ya de no soñar en planes efímeros, en juegos de niños. Yo he llegado a sentir como juego de niños casi todo lo que suponga honor, riquezas, grandes placeres, poder, fama, estima... ¿Para qué? Todo es caduco. Presto mi atención a lo eterno, a lo que no tiene fin. Procuro en la medida de mis fuerzas ayudar a otros. Las obras buenas son las que permanecen para siempre. Nos acompañarán.
Lástima no poseer como los santos indiferencia ante el dolor propio, porque también es temporal y dura poco tiempo. Por lo menos es bueno mantener estos criterios en la mente, en la jerarquía de nuestros valores, porque así más fácilmente podremos lograr las buenas obras.
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