Casi sin darnos cuenta nos estamos haciendo mayores. Y todo aquello que nos decían nuestros superiores antiguos tiene ahora gran fuerza: confianza, abandono en los brazos de Dios. Hemos de estar convencidos plenamente: El lo va haciendo todo en nosotros. Pero es necesario cooperar a esa acción de Dios. De lo contrario, se retira. A poco que correspondamos a su acción, El se derrama del todo en nuestros corazones. Hemos de estar convencidos.
Qué importante es el sacrificio; qué importante estar a la escucha de la voz del Espíritu en nuestro Corazón. Dios no va a ser algo para rellenar nuestros huecos de tiempo libre, ni para los agujeros de nuestra carencia sicológica. Eso no puede agradar al Padre. El Señor va a ser todo para nosotros: para ti y para mí. A él vamos a dedicar lo mejor de nuestro tiempo y también los ratos cortos de nuestro recreo. ¡Cada vez más! Convencidos con Santa Teresa: "Sólo Dios basta."
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