1.- Recuerdo aquellos años de mi formación; entonces vivía con fervor verdadero. Dame aquel fervor de entonces, porque Tú, Señor, el mismo de entonces eres ahora.
2.- Recuerdo aquella poesía que escribí junto a una postal de un pueblo en que aparecía una era y unos trillando. Y escribía yo así: Es mi pueblo, mi pueblo, Señor; - rodeado entre altas montañas. - Arriba la iglesia - y abajo los hombres trabajan. - Y yo sacerdote, - Junto a Cristo de la iglesia sola. - Que estén alejados, - ya me quema el alma. - ¡A todos traerte, Señor.
3.- Siento lo mismo, pero me encuentro sin fuerzas. Tal vez mi error o pecado de entonces fue, Jesús, el creer que yo solo era capaz. Tal vez mi falta de hoy es creerme en total impotencia. Y mi postura tiene que ser: "Nada soy, pero todo lo puedo en Aquel que me conforta".
4.- Sé que la oración lo puede todo. Por eso te pido con todo el fervor de que soy capaz por los alejados y te pido con el corazón de todos ellos.
.-Virgen María te saludo con amor; muestra que eres mi madre; dame la gracia de estar hoy unido al amor de Dios. Dame fervor, más fervor. Pídelo al Padre, por tu Hijo. Dame más generosidad y más fe vivida con autenticidad.
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