El recuerdo de la conversación nos estimula


En realidad todo se resume a un pudor íntimo. Cuando te escribo esto me analizo a mí mismo; no quiero generalizar. A mí me cuesta meterme en una conversación en el terreno espiritual, cristiano. Se me hace como violento; como raro. A pesar de todo, algunas veces venzo esta especie de bochorno interior.

Yo creo que es lógico: al verme tan mediocre en mi vida interior, al ver que no vivo a tope como los santos, me da vergüenza aparecer como lo que no soy. Cuando la oración va bien, venzo con facilidad esta vergüenza natural.

Recuerdo aquellos dos años de mi primera conversión. Entonces vencí todo respeto humano a las mil maravillas. Entonces disfrutaba hablando de Dios con unos y con otros, incluso con los familiares. Cuando fue poco a poco decayendo mi espíritu, me resultaba más costoso. Por eso me parece que la solución está en enamorarnos más y más de Jesucristo, de ir dejando poco a poco las diversiones innecesarias y las reuniones disipantes y dedicar a Dios más nuestro tiempo libre. Cuanto más enamorados estemos de Dios, más fácil nos va a resultar hablar de El. Si tomamos mucha afición a las cosas del espíritu, no nos cansaremos ni nos resultará "violento" hablar de El. Aquello que nos decían en seminario tiene mucha aplicación aquí: "Entrar con las cosas de ellos y salir con la nuestra".

Ha de ser una labor no lenta ni tampoco violenta, pero sí constante. Yo te acompañaré, lo sabes, con mi oración y con mi aliento. En mi oración ocupas, no sé si te lo dije, un lugar de predilección: en la misma llaga del costado de Cristo resucitado.



Puedes mirar mi página web http://personales.jet.es/mistica

Más de mil artículos del autor sobre la debilidad, enfermedad, etc. en
http://www.opina2000.com
Volver arriba