¿Prolongar la vida?




¿Cómo podemos prolongar nuestra vida?

Cardenal Francisco Robles Ortega / CEM. 4 de septiembre.- Una de las características de nuestra cultura actual, aún en medio de tantos signos de muerte, es una búsqueda de la vida. ¿Cómo prolongar más nuestra vida? ¿Cómo vivir con una buena calidad de vida? ¿Cómo podemos alejar de nosotros todos los peligros ambientales, de nutrición, etc., que dañan a nuestra vida? Este es un verdadero interés, un verdadero afán del hombre de hoy: la búsqueda de la vida.

Y esto no tiene nada de extraño, porque Dios nos hizo para la vida, no para la muerte. En medio de ese ambiente de valoración de la vida, es muy saludable escuchar la palabra de Dios y descubrir cuanta actualidad, cuanta oportunidad tiene la palabra de Dios, para el hombre y la mujer de todos los tiempos, cuanta oportunidad tiene para este momento de nuestro mundo y de nuestra cultura.

Jesús, se nos presenta en el Evangelio como el pan de la vida, y Él mismo se nos entrega como alimento de vida. El participar de la vida misma de Dios, se nos presenta en el horizonte de esta búsqueda auténtica de la vida. Para el cristiano, no hay vida fuera de Dios, no hay vida auténtica fuera de la comunión y de la participación de la misma vida de Dios.

Al reflexionar en lo anterior, nos debe resultar extraño que, en boca de muchos cristianos, se escuche aquello de que andan buscando la buena vida en objetos que “dan buena vibra”. Es triste que tantos cristianos busquen la buena vida en determinados lugares en donde “se cargan de energía positiva y alejan la vibra negativa”. ¿Podrá haber alguna energía positiva mayor que la que proviene de Dios mismo? ¡No puede ser! Pues Dios se nos ofrece, Dios se nos da como alimento para que tengamos vida, su misma vida, y la vida de Dios no se agota, no fenece, no se acaba.

La vida de Dios es plenitud, es nuestro destino, fuimos hechos para participar de la misma vida de Dios. Y ya desde ahora en nuestra condición de peregrinos en esta tierra, se nos da la real posibilidad de participar de esta vida de Dios, ¿cómo? Recibiendo el Cuerpo y la Sangre del Señor, que Él mismo nos dejo en el pan y en el vino: "tomen y coman esto es mi Cuerpo", "tomen y beban esta es mi Sangre derramada por ustedes". Por tanto, el signo del pan eucarístico y del vino eucarístico, no son signos que sólo hagan referencia o recuerdo del Señor.

El signo del pan y del vino consagrado son signos eficaces, son signos que real y verdaderamente hacen presente para nosotros el mismo Cuerpo y la misma Sangre del Señor, y Él se ha quedado para que nosotros lo comiéramos, lo bebiéramos y tengamos la plenitud de la vida.
Reflexionemos queridos hermanos, como comunidad cristiana, en este bello mensaje de la palabra de Dios en medio de este mundo, de esta cultura que busca la vida, pero que muchas veces la busca por medios y caminos equivocados.

La verdadera vida para todos está en Dios, y no en un Dios que esta en su cielo, sino en un Dios que se ha hecho cercano en Jesucristo y que nos ha dejado su Cuerpo y su Sangre para que nosotros tengamos vida.

En medio de tantos signos de desaliento que se viven en nuestro entorno, seamos testigos de la vida, la fortaleza la podemos obtener, está a nuestro alcance, no la desaprovechemos. Seamos testigos, agentes, servidores de la vida.

Les envió a todos mi bendición.

+ J. Francisco Cardenal Robles Ortega
Arzobispo de Monterrey
Volver arriba