El feminismo auténtico

Palabra del Pastor / el semanario de Guadalajara. 12 de Mayo, 2011.-
Estimados lectores:

Recientemente celebramos el Día de la Madre; por eso, este mensaje está dirigido a ellas y a sus hijos; las felicito de todo corazón y les deseo todo género de felicidad en compañía de los suyos, y a la vez, pido a Dios que las ayude a seguir cumpliendo esa misión tan grande que Él les ha encomendado, que es la de formar íntegramente al ser humano, no solamente en lo que se refiere a su cuerpo, sino sobre todo en lo que mira a sus sentimientos, infundiéndole conocimientos fundamentales, buenos principios, virtudes, y en general todo lo que se requiere para enfrentar la vida.

La madre es el quicio del hogar y, por decirlo así, también es el fundamento de la Sociedad, porque mientras existan madres buenas que eduquen a sus hijos, ésta podrá superar sus problemas. Sería lamentable que se acabaran las madres buenas, pues si eso llegara a suceder, si no educaran y formaran rectamente a sus hijos, entonces la Sociedad declinaría, quizás no en lo económico como acontece en algunos países, pero sí en lo fundamental, como es la moral, ya que es la madre la que forma el corazón del hombre mediante su afecto, ternura, enseñanzas y consejos.

Desafortunadamente, en algunas Sociedades contemporáneas se ha ido pervirtiendo a la mujer, fundamentalmente por dos caminos: uno, el del extremado feminismo, haciéndole a ésta despreciar lo que es propio de su condición y naturaleza, queriendo igualar al hombre y competir con él en funciones y ocupaciones, lo cual no tiene fundamento.

Sabemos que el hombre puede superase en cuanto hombre, y que la mujer puede hacerlo también en cuanto a mujer, sin renunciar ninguno a su propia condición; pero, si se insiste en hacer que muchas mujeres desconozcan su verdadera naturaleza, desprecien su feminidad, den la espalda a su vocación, entonces la mujer no se realiza, sino se frustra.

Da tristeza, por ejemplo, ver películas, hechas bajo criterios puramente mercantiles, protagonizadas por mujeres en el papel de heroínas, que tienen poder y mando para matar, herir, pelear, golpear y ser golpeadas, a semejanza de sus contrapartes masculinos; mujeres que en la ficción o en la vida real fungen como combativas policías o como miembros del ejército, y que creo yo que están fuera del papel que por naturaleza exige su misión en este mundo.

Ese feminismo exacerbado perjudica a las mujeres, haciéndolas despreciar no sólo sus tareas en el hogar como fundamento de la familia, sino tal vez al propio marido, al hombre en general y, desde luego, a la maternidad, afirmando que su vida no ha de estar sujeta a exigencias tradicionales ya superadas en los tiempos actuales.

El otro camino que conduce a la mujer a daños irreparables es el de la permisibilidad sexual, que corrompe a la mujer desde niña. A este respecto da pena saber, pues me lo han dicho personas bien informadas y preparadas, que se dan casos en que desde que la niña se hace mujercita, hay madres que la proveen de anticonceptivos para que no salga embarazada, lo cual es como darle un permiso para que se entregue al vicio; es como si le dijeran: “Hija, no te cuides de tener relaciones sexuales, pero sí está prevenida de las consecuencias”. Y como ahora hay hasta una “píldora del día siguiente”, pues muchas jóvenes se proveen de ellas para poder sostener relaciones sexuales de manera permanente. ¿Y las consecuencias?

Ya no mencionemos las de orden moral, como el pecado del acto sexual fuera del matrimonio o del aborto o microaborto que dichas sustancias provocan, sino también del daño que producen al organismo. Si estas muchachas algún día contraen matrimonio, no llegarán a él con el corazón íntegro ni para amar a su esposo ni tampoco con el cuerpo sano para poder experimentar el goce de la maternidad.

Así pues, una Nación con mujeres, con madres valiosas, tiene futuro; mas una nación en donde muchas mujeres han pervertido y subvertido sus valores femeninos, es una Nación que irremisiblemente declinará hacia su desaparición y destrucción.

Reitero a las madres que festejaron su día, mis felicitaciones; y para las que ya cumplieron su misión terrenal, mis oraciones al Señor por su eterno descanso.

Dios las bendiga
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