Apoyo para la tercera semana del TO: Enviados y misioneros

La vocación recibida, “Sal de tu tierra”, la recomendación bíblica, “No mires atrás”, la actitud evangélica, “Seguir detrás de Jesús”, marcan el camino y señalan la actitud emblemática de los discípulos. Los ejemplos que hemos leído los días pasados referidos a Saúl, Samuel, David, Andrés, Pedro, Santiago, Juan, Leví, los doce…, nos centran en el punto de partida de nuestra identidad y forma de vida como respuesta a la llamada y a la vocación
SEÑOR, MÁNDAME
La disponibilidad y la obediencia a la llamada exigen una actitud de serena acogida y una atenta presencia por las que se toma conciencia del querer de Dios.
En general, solemos avanzar por propia iniciativa y a poco que llevemos de camino, enseguida deseamos plantar la tienda e instalarnos. Sin embargo, la vida misma, los acontecimientos, la edad, las circunstancias, a veces adversas, fuerzan a ejecutar obediencias. Ante esta realidad, no permanezcas como movido por el destino, sino por seguimiento de la voluntad de Dios.
Atrévete a decirle a Dios: “Señor, ¿qué quieres de mí?” “¿Qué quieres que yo haga?”
Es posible que te asalte el miedo, la sensación de vértigo. Pero ¿qué es mejor, que la vida te imponga el camino o que tú aceptes los hechos como Providencia?
Hay momentos en los que la misión es identificadora de la forma de vida. Dentro de la dirección tomada, cabe escuchar otras insinuaciones del Espíritu, como expresión renovada de vitalidad espiritual, para cada momento.
Hoy, ¿qué te pide Dios en tu relación más íntima y personal con Él?
- Jesús envió a sus discípulos a realizar tareas y misiones concretas.
En tu pertenencia comunitaria, social, familiar ¿qué debes hacer como explicitación del querer de Dios?
- Los discípulos, después de realizar la misión, volvieron a la comunidad.
Tu trabajo y oficio ¿los realizas como colaborador de quien te concedió el don? ¿Trabajas de manera emancipada, por las fuerzas que tienes? ¿Cómo vuelves a tu casa, áspero, gozoso, pasando la factura de tu cansancio o estado de ánimo?
¿Estás donde te mandan, o donde tú eliges? Quizá no tienes alternativa, pero en tu tarea, ¿haces las cosas porque te gustan o con sentido de obediencia religiosa? ¿Realizas con gusto las cosas que te piden, o prefieres realizar aquello que más te apetece?
Jesús, en la hora suprema, nos enseñó el modo de actuar: “Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. “Padre, que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú”.
Atrévete a seguir la voz interior, confirmada por la Palabra y por los acontecimientos.