Preces de los fieles (D 22º TO C 01.09.2013)
“Quiero que la Iglesia salga a la calle”, decía el Papa Francisco a los jóvenes en Brasil. No se refería a los clérigos, sino al Pueblo de Dios, los bautizados, auténticos “sacerdotes, profetas y reyes” de la nueva Alianza. Los que van por la vida sin disfraz alguno, “como uno de tantos”, los que trabajan las bienaventuranzas para que “puedan ser” realidad algún día, los que “han despertado” al Amor del Padre... y “visten las armas de la luz” (las bienaventuranzas) (Rm13,11-12). Presentemos hoy al Padre nuestros deseos, con el Papa Francisco, diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle.
Padre, somos parte de la humanidad, y “todo lo verdaderamente humano encuentra eco en nuestro corazón” (GS 1). Ayúdanos a ser luz y fermento de una vida con sentido, haciéndonos presentes en cualquier lugar, sobre todo entre los que más sufren.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, somos “ciudad de Dios vivo, Jerusalén celeste”, habitada por el Espíritu Santo, “reunión festiva” y participación plena, testigos de tu Amor transmitido por “el mediador de nueva alianza Jesús”. Deseamos vivir de acuerdo con tu Evangelio.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, ayúdanos a tener “fijos los ojos en el que inicia y completa nuestra fe, Jesús”. Que nos conozcan por nuestro trabajo por el Reino de los cielos, no por ocupar primeros puestos, ni por “etiquetas” o vestimenta que nos distingue y aparta de los hermanos.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, sentimos que tu amor llega a todos; “haces salir el son y bajar la lluvia sobre justos e injustos”. Los cristianos queremos seguir a Cristo, el Hijo amado, el que acogía a todos y se sentaba a cualquier mesa para compartir tu Amor sin límites. Queremos seguir su camino.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, compartimos tu alegría al vernos reunidos, en asamblea festiva, en torno a la memoria de tu Hijo Jesús. Queremos que esta asamblea sea digna de tu Amor: que te escuchemos, que nos escuchemos y podamos expresarnos con libertad, que nos preocupemos de tus cosas, de tu Reino...
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Sí, Padre, queremos que nuestra “ciudad del Dios vivo” brille en el monte de la vida, ilumine sobre el candelero de la calle, sobre todo de las calles más conflictivas, más débiles, más necesitadas de pan, de concordia, de alegría, de vida...Te lo pedimos por tu Hijo Jesús, hermano de todos, que vive contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González
Padre, somos parte de la humanidad, y “todo lo verdaderamente humano encuentra eco en nuestro corazón” (GS 1). Ayúdanos a ser luz y fermento de una vida con sentido, haciéndonos presentes en cualquier lugar, sobre todo entre los que más sufren.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, somos “ciudad de Dios vivo, Jerusalén celeste”, habitada por el Espíritu Santo, “reunión festiva” y participación plena, testigos de tu Amor transmitido por “el mediador de nueva alianza Jesús”. Deseamos vivir de acuerdo con tu Evangelio.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, ayúdanos a tener “fijos los ojos en el que inicia y completa nuestra fe, Jesús”. Que nos conozcan por nuestro trabajo por el Reino de los cielos, no por ocupar primeros puestos, ni por “etiquetas” o vestimenta que nos distingue y aparta de los hermanos.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, sentimos que tu amor llega a todos; “haces salir el son y bajar la lluvia sobre justos e injustos”. Los cristianos queremos seguir a Cristo, el Hijo amado, el que acogía a todos y se sentaba a cualquier mesa para compartir tu Amor sin límites. Queremos seguir su camino.
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Padre, compartimos tu alegría al vernos reunidos, en asamblea festiva, en torno a la memoria de tu Hijo Jesús. Queremos que esta asamblea sea digna de tu Amor: que te escuchemos, que nos escuchemos y podamos expresarnos con libertad, que nos preocupemos de tus cosas, de tu Reino...
Roguemos al Señor diciendo: Queremos que la Iglesia salga a la calle
Sí, Padre, queremos que nuestra “ciudad del Dios vivo” brille en el monte de la vida, ilumine sobre el candelero de la calle, sobre todo de las calles más conflictivas, más débiles, más necesitadas de pan, de concordia, de alegría, de vida...Te lo pedimos por tu Hijo Jesús, hermano de todos, que vive contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González