Gana un trofeo y se lo regala al rival

En un torneo de futbol, disputado en el mes de junio, el equipo alevín del Sevilla ganó la final al Español por penaltis. El entrenador del Sevilla reunió a sus chavales y les dijo: “Ellos han jugado mejor y son más jóvenes que nosotros. Yo creo que se merecen el trofeo. ¿Qué os parece si se lo damos?

Pidieron permiso a la organización del trofeo y se lo regalaron.

Es un gesto de deportividad extraordinario, que honra muchísimo a ese entrenador.

Es un ejemplo de persona que forma personas. Que no enseña a ganar a cualquier precio. Que sabe educar. Que reconoce lo que es justo, por encima no solamente de lo injusto sino de las ventajas que el azar haya podido aportar.

La noticia me ha traído el recuerdo del partido Madrid-Barcelona de la Champions. He recordado la mentira de un jugador del Barcelona, que aparentó haber sido fuertemente golpeado y que indujo un error arbitral de importancia. He recordado la prepotencia del entrenador del Real Madrid que perdió el sentido de la realidad e interpretó el error arbitral en términos de conjura de las más altas instancias deportivas contra su equipo.

Pero no quiero escribir sobre estos grandes equipos (en presupuesto) sino sobre ese otro entrenador, grande en valores, para quien no todo vale y que es capaz de reconocer lo que es justo, aun cuando eso le haga perder un trofeo.

Pero tampoco quiero seguir escribiendo sobre futbol. Debo reconocer que la noticia no solo me ha producido satisfacción sino también rebelión.

Rebelión contra quienes dicen que quien no hace trampas es porque no puede; que todo vale con tal de ganar; que lo que importan son los resultados, haciendo la vista gorda a los medios que se puedan utilizar para conseguirlos.

¡No señor! Hay gente honrada que reconoce lo que es justo y lo aplica. El caso comentado es un ejemplo de ello.

Decía Paulo Freire que "educar es humanizar". Con el gesto anterior tanto los niños que han regalado el trofeo como los que lo han recibido han sido humanizados.

El que muchos otros niños sean humanizados dependerá de que tu y yo, y cuantos más mejor, dejemos a un lado nuestro catastrofismo y mostremos, con palabras y con hechos, que en nuestro entorno hay gente honrada.
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