La roma cotidianidad

Los niños de hoy interpretan a primera vista los signos de los aparatos digitales pero ignoran lo que reconocían los niños de antes: el ladrido de los perros, el mugir de las vacas de cada vecino, el grito de los diferentes pájaros. La niñez de antaño era tranquila, profunda y soñadora, caminaba a ritmo humano como el ritmo del burro y las cosas y los juegos le duraban tiempo sin fin; la de hoy es prometedora, inquietante, rauda y frenética como el ritmo de coche y las cosas se leesfuman. Antes los fantasmas andaban por los caminos, salían de los rincones; los de hoy salen de la televisión, del cine, de la Tablet, del androide. “Nosotros”, habla un hombre de sesenta años, “estábamos aquí; los niños de hoy son errantes, andas por todas partes y no están en ningún sitio”. En esto pensaba esta tarde, viendo llover y escuchando las gotas sobre el tejado de la cocina al amor del fuego del hogar, cuando la vieja campana, que antes varias veces cada día rompía la roma cotidianidad, hoy sonó para anunciar que alguien de la parroquia se había muerto.
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