La Facultad de Teología de Salamanca felicita a Olegario por el Premio Ratzinger “Uno de los profesores más señeros de esta Facultad en el último tercio del siglo XX”
(José Manuel Vidal).- "Olegario es Salamanca" o, al menos, su personalidad pública más conocida y prestigiosa tanto en España como en el extranjero, especialmente en Alemania. De ahí que "su casa", la Facultad de Teología de la Pontificia a la que dedicó media vida, esté de enhorabuena y haya querido felicitar públicamente a su profesor emérito, Olegario González de Cardedal, por "haber sido galardonado con el primer premio Ratzinger". Un premio que reconoce "la alta trayectoria intelectual, teológica y humanista de uno de los profesores más señeros de esta facultad durante el último tercio del siglo XX".
En la sesión del Consejo de Facultad también se acordó que el actual decano, el doctor Ángel Galindo, acompañe en Roma a Olegario el próximo día 30, cuando reciba el prestigioso premio de manos del propio Benedicto XVI. Además, la Facultad de Teología avanza su proyecto de organizar el próximo curso "un ciclo de conferencias en torno al pensamiento y la obra de Don Olegario".
Este es el comunicado completo de la Facultad de Teología:
"La Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, en la sesión del Consejo de Facultad celebrado el día 16 de junio, hizo constar en acta la Felicitación dirigida al Catedrático de dicha Facultad Dr. D. Olegario González de Cardedal por haber sido galardonado con el primer premio Ratzinger instituido por la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Asimismo esta Facultad agradece a la prestigiosa Fundación citada en haberse fijado en la alta trayectoria intelectual, teológica y humanista de uno de los profesores más señeros de esta Facultad durante el último tercio del siglo XX. Con este motivo el Ilmo Decano, Dr. Ángel Galindo García, se trasladará a Roma el día 30 del presente mes acompañando al prestigioso profesor salmantino. Posteriormente, pasado el verano, se proyectan organizar un ciclo de conferencias en torno al pensamiento y obra de Don Olegario".
El premio a Olegario ha caído en la Pontificia como una auténtica lotería. Consideran que se trata de un premio, especialmente querido por el Papa. Un premio a la persona de Olegario y a su Facultad. Un premio que también distingue el pasado y el presente de la Universidad del episcopado, al tiempo que la proyecta hacia el futuro. Con un aval que viene nada menos que de Roma y directamente del propio Benedicto XVI.
Un espaldarazo que la Pontificia necesitaba urgentemente. Y es que la otrora joya de la corona de la Iglesia española llevaba unos años perdiendo fuste y presencia eclesiástica y pública. Fundamentalmente, por los capillismos de algunos obispos españoles, que prefieren mantener a sus seminaristas en pequeños seminarios cerrados y empobrecidos que mandarlos a Salamanca.
Y, sobre todo, porque el cardenal de Madrid, Rouco Varela, se ha empeñado en convertir "su" universidad de San Dámaso en la gran universidad de la Iglesia española, en detrimento de la Pontificia. Y eso que el propio Rouco fue alumno de Salamanca y llegó a ser su vicerrector, el segundo del entonces rector, Fernando Sebastián. Durante el postconcilio, Sebastián, acompañado de Rouco y Olegario renovaron la Pontificia y, desde ella, alentaron la puesta en marcha y la recepción del Concilio Vaticano II.
Sebastián: "Nos gusta ser cabeza de ratón"
Lo recuerda monseñor Sebastián en un artículo sin desperdicio publicado en la revista Vida Nueva y titulado "Nos viene bien", en el que defiende la obra de Olegario y denuncia la actitud de los obispos que "por localismo" están tirando piedras contra la Universidad del episcopado, la más prestigiosa y la más conocida Universidad eclesiástica española.
El obispo emérito de Pamplona recuerda que Olegario llegó a Salamanca en 1967 "con los laureles todavía frescos de su Doctorado en Teología" y él un año más tarde. "Vivimos juntos aquellos años difíciles y generosos de la refundación de la Universidad, después de la crisis de 1969, y nos entregamos con ilusión y esfuerzo a la formación de los seminaristas y futuros sacerdotes que los obispos habían puesto en nuestras manos".
Con el paso del tiempo, Sebastián fue elegido obispo y se marchó. En cambio, "D. Olegario se quedó en Salamanca como una bandera alzada, como un símbolo, hasta su jubilación. Y ahí sigue".
Tras alabar sus clases "apasionadas e intensas", asegura que Olegario "ha escrito libros importantes sobre Cristología". Y, haciéndose eco de lo que unos días después denunciaría el propio catedrático emérito en RD, asegura que "en algún lugar de Internet se dice que D. Olegario es un cura progresista que no es del todo fiel a la doctrina católica". Pues bien, "ahora lo tendrán que corregir", advierte el prelado aragonés.
Porque, a su juicio de obispo pero también de reputado teólogo, la teología de Olegario "es una teología rigurosa, muy informada, seriamente académica", pero, al mismo tiempo "religiosa, eclesial y apostólica".
Sebastián se alegra, pues, por su amigo "y por la vieja Universidad Pontificia de Salamanca". Porque, como denuncia el prelado, se encontraba "un poco olvidada en estos últimos años". Y explica la causa. "Parece que en la Iglesia nos ha entrado también la fiebre de los localismos. Nos gusta ser cabeza de ratón".
Y tras el diagnóstico global, Sebastián aterriza aún más su denuncia: "Tenemos muchas facultades pero ninguna de ellas está a la altura de lo que tendría que ser una verdadera Facultad teológica en la actual Iglesia de España. Podríamos tener una o dos. Nunca podremos tener catorce buenas facultades de teología".
Hace tiempo que, en los ambientes eclesiásticos españoles, se dice en privado lo que, ahora, monseñor Sebastián se ha atrevido a proclamar en público: "Nos gustan más los localismos que los horizontes abiertos y precursores. Nos gusta más lo local que lo común". Sólo le faltó dar los nombres de los obispos que más se han distinguido en esa querencia. Pero no sería elegante, por su parte, señalar con nombres y apellidos a Antonio María Rouco Varela y, por eso, no lo hace. Pero, a buen entendedor...