Bin Laden y el Evangelio de hoy

Este pobre barón rampante, que a veces vive demasiado en las ramas, sigue sin entender cómo los buenos podemos no sólo justificar las malas acciones como un mal menor -yo mismo, en algunos casos, lo he hecho, como bien saben-, sino verlo como un bien mayor, una alegría indispensable.... Muchas dudas, ya les digo. Y en estas estaba cuando esta mañana agarré el Evangelio de hoy. Que dice lo siguiente:
Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
Y, vaya, que me sentí algo más reconfortado. Aunque sigo dándole vueltas al asunto.
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