Menores violan a menor

Por la mente de esos padres y de esa niña entrevemos una mezcla de dolor, indignación, rabia, impotencia, ansias de justicia, desconfianza... con la vida destrozada como presente y, lo que es peor, como horizonte.
Sería deseable el ejercicio de la justicia por lo que tiene de saludable en sí misma, pero también para alejar la tentación de la venganza. Al mismo tiempo, se hace necesario el perdón para evitar revivir la amargura en cada recuerdo, pero habrá que pensar qué está pasando y si de verdad estamos dispuestos a solucionar el problema, porque no vale solamente preguntar y lamentar.
Todos convendrán en que la justicia, cuando se aplica, es, por definición, a posteriori y que la mejor forma de solucionar conflictos es evitar que surjan, por lo que tendremos que pensar en educar a nuestros niños y a nuestros jóvenes en valores y no en barrer de valores la familia o la escuela, que son los dos ámbitos socializadores por excelencia.
Todos y cada uno sin excepción tenemos una pequeña parcela de responsabilidad en este terreno como padres y educadores, especialmente las personas a las que hemos otorgado con nuestra confianza responsabilidades sociales o políticas. No se pueden realizar declaraciones rimbombantes cuando lloramos estos dramas y luego hacer todo lo posible por borrar a Dios de nuestro mundo.
Editorial de Iglesia en Camino
baronrampante@hotmail.es