En su
cruzada contra la pederastia. Y, sin embargo, prosigue su lucha, y ha forzado a que la Congregación para la Doctrina de la Fe eleve una
carta circular a los obispos de todo el mundo exigiéndoles colaborar con la justicia y, en el plazo de un año, tener dispuestas las normas de actuación frente a estos horrendos casos.
La carta no es todo lo dura que muchos esperábamos, aunque bien es cierto que la Iglesia, como madre, también tiene que respetar los derechos de los "presuntos" delincuentes. Pero
es un paso más, que como tal ha de ser tenido en cuenta. Ahora resta ver cómo reaccionan los obispos, y las conferencias episcopales.
Por cierto, un apunte: el único episcopado de los grandes países de Europa, de los grandes países cristianos del mundo,
que no ha emitido documento alguno ni ha tramitado norma o doctrina unificada de actuación, es el español. Que desde hace tres años vive una atonía permanente, con un monotema que eclipsa cualquier movimiento: la JMJ. Esos jóvenes, también, merecen una palabra y una actuación decidida. Y el Papa, que sigue -también en España- estando solo en esta guerra.
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