La Santa Sede volverá a negociar, en los próximos días, con los lefebvrianos su vuelta a la Iglesia católica. Sí, digo negociar, aunque tal vez debería decir ceder de nuevo. Ignoro en su totalidad las razones para la vuelta al diálogo (todo pastor quiere recuperar a su rebaño, y eso siempre es loable, y más si viene del Papa), pero los gestos de
Benedicto XVI ya fueron suficientemente generosos en su día, recibiendo una solemne bofetada por parte de los seguidores de Lefebvre (y no sólo por las palabras de
Williamson).
Ahora, el Papa nombra una nueva
comisión de diálogo, compuesta por un jesuita (el alemán
Karl Josef Becker. En cuanto a los demás, se trataría del secretario de "Ecclesia Dei", monseñor
Guido Pozzo; el dominico suizo y nuevo secretario de la Comisión Teológica Internacional,
Charles Morerod; y el vicario general del Opus Dei, el sacerdote español
Fernando Ocáriz. Una delegación de peso que, según nos cuenta Ep, "dejará claro a los lefebvrianos cuáles son los
aspectos intocables y sobre los que el Vaticano no está dispuesto a ceder".
Resulta cuando menos curiosa la
amplia predisposición al diálogo del Vaticano con los lefebvrianos, y la nula capacidad para hacerlo con otras sensibilidades de la Iglesia. A los segundos se les pone de cara a la pared y, muy probablemente, con los primeros volverán a caminar
de espaldas al pueblo. Mirando a Oriente. Y en latín. Al tiempo.
baronrampante@hotmail.es