Sin amor, ¿para qué existir?

Para Viola

Con el pueblo de Dios, con hombres de toda la tierra, estás invitado a vivir lo inesperado. Solo ¿cómo llegarías a conocer el resplandor de Dios? Demasiado resplandeciente para ser visto, Dios es un Dios que ciega la mirada. Cristo capta este fuego devorador y, sin deslumbrar, deja transparentar a Dios. Conocido o no, Cristo está aquí, cerca de cada uno. Está tan unido al hombre que permanece en él, aún cuando él lo ignore. Está ahí, clandestinamente, quemadura ardiente en el corazón del hombre, luz en la oscuridad.

Pero Cristo es también alguien distinto a ti. Él, el que Vive, está delante y más allá de ti. Ahí está su secreto: Él fue quien te amó primero. Ahí está el sentido de tu vida: ser amado para siempre, amado hasta en la eternidad, para que a tu vez, llegues hasta morir de amar. Sin amor ¿para qué existir?

En adelante, en la oración como en la lucha, nada es grave salvo perder el amor. Sin el amor, ¿para qué la fe? ¿De qué sirve llegar hasta quemar el propio cuerpo en las llamas?

¿Lo presientes? La lucha y la contemplación tienen una sola e idéntica fuente: Cristo; que es amor. Si oras, es por amor. Si luchas para devolver un rostro humano al hombre explotado, es también por amor. ¿Te dejarás introducir por este camino? Arriesgando el perder tu vida, por amor, ¿vivirás a Cristo para los hombres?

(De la Carta 1974 del hermano Roger de Taizé, Vivir lo inesperado)


baronrampante@hotmail.es
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