Los muertos que usted mata gozan de muy buena salud

Tremenda expectación la que hubo ayer en Nunciatura en la despedida oficial de Manuel Monteiro de Castro. Si en la pasada recepción con motivo del día del Papa -tres días antes del anuncio de la marcha de Monteiro- sólo dos obispos acudieron al evento, ayer casi sobrepasaban la cuarentena. Algunos, por amistad personal con el buen Monteiro -quien, por cierto, y para algunos a los que le van mucho las cuentas, nombró a 70 obispos durante su mandato, además de las sedes de Guadix, Oviedo y, ojo, San Sebastián, que ayer él mismo indicó que ya estaban en Roma-; otros, por dejarse ver. Y alguno que otro para comprobar que era verdad que se marchaba. Pero, afortunadamente, los muertos que algunos quieren matar gozan de excelente salud. Y de mayor libertad desde Roma. Tanto, que hasta recomiendan al Gobierno, pero también a los obispos (y a los periodistas) una muy buena receta: leer, trabajar y rezar. Ayer, en Nunciatura, se pudieron comprobar muchas cosas: el crecimiento de figuras como Osoro, Del Río o Braulio Rodríguez; el cariño desplegado hacia Blázquez o monseñor Estepa; la cercanía de nuevos obispos, como Iceta o Mazuelos; la impresionante talla (en todos los sentidos) de don Carlos Amigo; el estilo tan peculiar de Juan Antonio Martínez Camino, especialmente con los periodistas "peligrosos"... Y, cómo no, la omnímoda presencia del cardenal de Madrid, quien por una vez no vino y se marchó enseguida, sino que incluso se quedó a la cena y trajo un regalo para monseñor Monteiro. A partir de ahora, me figuro que se van a ver con mayor frecuencia en la Congregación de Obispos. Y en plano de igualdad. Porque los muertos que usted mata gozan de muy buena salud.

baronrampante@hotmail.es
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